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Wukong el Rey de los Monos

ukong es un embaucador vastayano que usa su fuerza, agilidad e inteligencia para confundir a sus oponentes y obtener la ventaja. Tras encontrar un amigo de por vida en el guerrero llamado Maestro Yi, Wukong se convirtió en el último aprendiz de la antigua arte marcial conocida como Wuju. Armado con un bastón encantado, Wukong busca impedir que Jonia caiga en la ruina.

En las copas de los árboles de Jonia habitan los Shimon, una tribu vastayana. Estas criaturas simiescas son sabias y precavidas y, como pacifistas, eligen construir su sociedad lejos de los trotatierras, cultivando su comunidad en los árboles más altos de Jonia. Los Shimon ven la vida como un ascenso evolutivo hacia la sabiduría y su creencia es que, al morir, se convierten en rocas para regresar a la tierra y así comenzar el ascenso de la vida, otra vez.

Ya desde pequeño, Kong tenía muy poco en común con los demás Shimon. Impulsivo, listo y amante de la diversión, Kong era una molestia constante para la aldea. Cuando la guerra llegó a Jonia, Kong quedó absorto por los sonidos y los colores de las batallas que sucedían en la superficie. Al verlas, algo certero e innegable despertó en él: un llamado. Kong abandonó su tribu para prepararse para lo que sabía sería su destino.

Armado solo con instinto y sin entrenamiento en su haber, Kong deambuló por Jonia, en búsqueda de rivales para aprender el arte del combate. Aunque Kong se ganaba moretones y dientes rotos por meterse en problemas todo el tiempo, con cada pelea se esculpía a sí mismo como el guerrero que se sentía llamado a ser.

Durante sus viajes, Kong se cruzó con un hombre con gafas que meditaba en un claro. Kong lo desafió a pelear. El hombre se puso de pie y tiró a Kong al suelo con un solo movimiento, antes de regresar a sus meditaciones. Kong se había enfrentado a muchos oponentes, pero nunca había experimentado algo como esto.

Durante semanas, Kong regresó al claro todos los días e intentó derrotar al guerrero. Aunque era más fuerte y más veloz que el hombre de las gafas, Kong se veía superado en cada movimiento.

Después de un tiempo, Kong decidió intentar con algo que nunca antes había llevado a cabo en sus varios años de vida: la humildad. Se arrodilló ante el hombre y modestamente pidió que lo entrenara. De inmediato, el guerrero le hizo una pregunta a Kong: ¿Por qué peleas?

Kong se percató de que nunca antes había pensado en ello. Podría haberse quedado en su sociedad pacífica, pero algo en su interior le había demandado lo contrario. Sin respuesta, le hizo la misma pregunta al hombre, quien se limitó a contestar que él ya no peleaba. Kong pasó los siguientes días sentado en el claro con el guerrero, reflexionando sobre la pregunta.

El hombre vio el cambio de ánimo y la determinación silenciosa de Kong. Se presentó a sí mismo como el Maestro Yi y aceptó entrenar a Kong en las virtudes de la disciplina, la paciencia y el combate, a las que Yi llamaba Wuju. La técnica y la precisión de Kong mejoraban con cada lección conforme Yi canalizaba la imprudencia e impulsividad de Kong hacia un estilo de pelea ágil, sorpresivo y letal.

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