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¿De parte de quién?

El tiroteo que le mandaron a la secretaria de la Gobernación Olga Sánchez Cordero desde la Secretaría de la Función Pública por haber “omitido” declarar que tenía un penthouse en Houston, con valor de aproximadamente 11 millones de pesos es apenas un pálido reflejo de las fuertes pugnas que existen al interior del equipo del presidente Andrés Manuel López Obrador cuando todavía no cumple ni siquiera sus primeros cien días de gobierno.

El Jefe de la Oficina de la presidencia Alfonso Romo es cuestionado de una manera por demás críptica (o sea que solo el autor de la columna puede descifrar la intencionalidad de la misma y por lo tanto cuida de no dejar las placas de sus informantes) desde el diario El Financiero, publicación muy afín a los grupos económicos regiomontanos entre los que se cuentan los principales malquerientes de un amigo histórico de AMLO como lo es Romo.

La muy evidente falta de cohesión entre algunos preclaros integrantes del equipo presidencial desgraciadamente se refleja en la operatividad de áreas muy sensibles del gobierno de la Cuarta Transformación.

Irma Sandoval, titular de la Función Pública y esposa del belicoso aspirante a rector de la UNAM John M. Ackerman, dice que simplemente de manera involuntaria pusieron en la mira de la prensa fifí a la jefa del gabinete “ya que por un procedimiento administrativo omitieron incorporar el penthouse de Houston” porque era COPROPIETARIA junto con su esposo y no estaba permitido publicar bienes de personas que no son funcionarios públicos.

Muy burocrática explicación la de Irma Sandoval sobre el ya famoso penthouse de Houston, por cierto Doña Irma nunca ha dicho nada de las propiedades que tiene en Acapulco su hermano el súper delegado en Guerrero, Amílcar Sandoval, quien es un consumado chopper harlero, pero en política, como en la jerga popular, palo dado, ni Dios lo quita.

Y en medio de esta feria de desinformaciones se comprueba una vez más aquella sentencia napoleónica que decía que el mejor lugar para cometer un crimen es una guerra.

El gran reportero Humberto Padgett, colaborador de Ciro Gómez Leyva, realizó un espléndido trabajo en la Refinería Antonio M. Amor de Salamanca, instalación de PEMEX a la que se coló de manera furtiva, como lo hacen todos los valientes del oficio, y reveló las deplorables condiciones en que se encuentra esa que fue el orgullo de las plantas productoras de la paraestatal y, lo más grave, el hecho de que allí no se está produciendo un solo litro de gasolina y menos de los aceites que surten a casi todo el país.

A Gómez Leyva, que no necesita de sensacionalismos para mantenerse como el líder indiscutido de los comunicadores del espectro electrónico nacional, le enviaron una carta firmada por unos presuntos trabajadores de la refinería que nunca dieron a conocer sus datos laborables donde con adjetivos dignos de un discurso de ceremonia de honores a la bandera, tales como patriotas, y otros del estilo, descalificaban el trabajo de Padgett.

La verdad es que después de presentado en TV Fórmula el trabajo de Humberto Padgett, ninguna persona del departamento de comunicación de PEMEX se pronunció al respecto.

Conclusión: en la penumbra informativa cualquiera de nosotros que trabajamos en los medios, puede quedar en la mira de los emisarios de intereses crípticos como fue el caso de la carta enviada a Padgget.

De la guerra intestina entre los lopezobradorista, no hay de otra que se encargue inicialmente de apaciguarla el propio primer mandatario.

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Jose Luis Camacho Acevedo

Periodista, columnista de El Heraldo de México, SDP Noticias y Monitor Xpress, colabora con Ciro Gómez Leyva los jueves a partir de las 8:00 am y es director de aeinoticias.com

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